domingo, 13 de noviembre de 2011

LOS BIÓLOGOS NO ESTÁN FORMADOS PARA SER CONSERVACIONISTAS…

Estas palabras las escuché de una colega bióloga. Ella tiene razón. La formación en biología no contempla el respeto por la vida. En otras palabras, entender la vida no es defenderla.

Mis siguientes palabras estarán enfocadas específicamente a los animales, porque la idea de este comentario surgió en el momento en el que asistí a un taller que pretendió consolidar una red destinada a la conservación de uno de los grupos más importantes de mamíferos a nivel mundial. En este taller convergieron diversos campos laborales, entre los que sobresalieron los biólogos. Ahora bien, la idea de ese taller era magnífica, la aplaudo y la defiendo a capa y espada. Repito, se buscaba consolidar un grupo de trabajo destinado a la conservación de una porción significativa de nuestra fauna.

Entender el por qué las personas se abocan a realizar estos grupos de conservación no es difícil. Si alteramos lo que nos rodea, tarde o temprano alteramos lo que somos y, por muy dramático que suene, la vida que conocemos no será la misma. Existe otro aspecto íntimamente relacionado que es la sensibilidad implícita en nuestra condición de animales gregarios. Cuidamos de nuestros semejantes, incluso, si son pocas las similitudes que nos relacionan. Hablar de cómo varía de persona a persona este cuidado y su sensibilidad es tema para otro momento.

Siguiendo con la conservación, la Real Academia de la Lengua Española define la palabra conservar como: “mantener algo o cuidar de su permanencia” y mantener vivo y sin daño”. Si tomamos en cuenta estos conceptos, la iniciativa del taller rompe el paradigma que dice que los biólogos no están formados para conservar. Lamentablemente la realidad es otra.

A la luz de prestigiosos expertos, el concepto es diferente. La idea de conservar se basa entonces en sustraer ejemplares, con la finalidad de sacrificarlos y mantener (i.e., conservar) sus cuerpos como registro de lo que alguna vez fueron en vida. Con fuerza y éxito, los expertos son escuchados y seguidos por los que conocen menos del área y/o por los que se esfuerzan por ser, en mente, como ellos. No todo el mundo piensa igual. Pese a escuchar comentarios que se oponen a este antiguo y desactualizado concepto, los expertos logran opacar, intencionalmente, a quien ose poner su palabra sobre la de ellos. Un experto, siempre va a tener la última palabra, aún cuando esta sea desactualizada y errónea. Ellos formularán entonces, a su conveniencia, los conceptos bajo los cuales se regirán las acciones conservacionistas.

Ciertamente no puedo negar que las actividades, antes mencionadas, de conservación de ejemplares de animales, proporcionan un registro que puede ser utilizado como herramienta ante ciertas investigaciones. El problema está en cuántos ejemplares de una misma especie y/o sub-especie se necesitan coleccionar para poder dar fe que dicho grupo existe o existió.

Compararé una colección biológica con un álbum. Los curadores o encargados de las colecciones, son expertos que están a cargo de conservar estos ejemplares. Ellos se han convertido en los coleccionistas de estos álbumes. Toman a cada especie como una baraja o cromo más, pero no se conforman con poseer un ejemplar, ni siquiera se conforman teniendo un ejemplar de cada sexo en las especies con dimorfismo sexual. La constante búsqueda de llenar gavetas y gavetas (páginas) de ejemplares de un mismo organismo, los ha llevado a extraer grandes cantidades de individuos de una misma población. En lo personal, considero que la mayoría de estos investigadores-expertos son cazadores que utilizan la ciencia como excusa para satisfacer un deseo de obtener una o varias presas como premio; tal cual el hombre de antaño que se regocijaba al cazar a su presa y obtener un botín.

Entonces, siguiendo en lo académico, planteo las siguientes preguntas: ¿Afecta ésta extracción la estabilidad ecológica? ¿Hay investigaciones previas que soporten estas extracciones masivas? ¿Se ha evaluado el impacto de las extracciones? Invito a que si alguien tiene una sincera y respaldada respuesta lo comunique.

Ahora bien, cuál es la justificación que se le da a tales actos. Con estos ejemplares se pueden hacer: (1) investigaciones que requieran cantidad, sin la necesidad de ir al campo y capturar nuevos individuos, ahorrándole tiempo, desgaste de recursos y DINERO al investigador, (2) si una especie se extingue queda registro y, (3) se pueden hacer proyectos de conservación de poblaciones o comunidades. En lo personal considero que esta última es la preferida por estos investigadores al momento de dar una respuesta a las incógnitas antes planteadas. ¿Vale la pena? La única justificación que considero aceptable es la segunda y, para ella no se necesita una gaveta llena de ejemplares.

Hay una importante pregunta que acompaña lo anterior: ¿cuántos investigadores dispuestos a realizar estudios tienen realmente acceso a esos ejemplares?

 Continuando con el tema original, estas colecciones y sus encargados forman parte de la preparación de un biólogo. Específicamente, el que quiera desarrollarse y trabajar en el campo del estudio de animales, tiene que, en el algún momento, pasar por una colección y/o recibir clases del profesor encargado de alguna. Queda entonces arraigado en nuestra formación que eventualmente se tendrá que vivir el sacrificio de un ejemplar para la colección. ¿Cuántas vidas animales cuesta la preparación de un zoólogo o un ecólogo?

Este tema de participar en una colección, trae consigo otro alarmante aspecto. ¿Cómo se sacrifica a un animal para ingresarlo a una colección? Los ya tan bien mencionados expertos consideran distintas técnicas de discutible ética. Es necesario y urgente establecer parámetros que se cumplan obligatoriamente para la correcta manipulación de los organismos que serán sacrificados. Existen, pero no se aplican, porque no hay sanciones a quien no cumpla estos parámetros. Un sacrificio solo se debe aplicar después de hacer un estudio previo que justifique dicha acción y, en la mayoría de los casos,  tal estudio nunca se ha llevado a cabo.

Los expertos nombran a quienes se oponen a sus prácticas  “Los Sobabichos”. Este ridículo apodo no pretende más que humillar a quienes están dispuestos a ingeniar nuevas técnicas de investigación y estudio, que no atenten contra la estabilidad ecológica. Está creciendo una nueva escuela de pensamiento, que entiende la precaria situación de nuestra biodiversidad y, actúa frente a ello. Esta escuela entiende que salir y recolectar ejemplares de animales se sentirá de una u otra forma a distintas escalas de organización natural y social. Los biólogos no están formados para ser conservacionistas, pero si deben y podrán serlo. Expertos de la nueva escuela se están formando.

Finalmente, felicito a los que instan a la conservación. En ningún momento pretendo atacar el concepto original, sin embargo, reitero está mal encaminado, gracias a no saber escuchar nuevas ideas. Lamentablemente no es el único caso que existe en este campo de la ciencia.

Sé que mis palabras van a causar disguste en algunos, incluso intentarán opacarlas.

¿Conservamos lo que queremos estudiar o somos parte de su extinción?

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